martes, 9 de octubre de 2012

Importancia del Docente, motivacion y responsabilidad de los educandos

Los Docentes deben estar comprometidos con su rol, y deben ser modelo para convertir los centros educativos en lugares de auténticos aprendizajes, formación, trabajo, participación y construcción. Esto es el deber ser, sin embargo en Venezuela es realmente un tema de vocación o el estudiar una profesión que en algún momento parecía mas sencilla de obtener un titulo, pero al momento de ejercer lo estudiado no sabían el compromiso al que se habrían de enfrentar, realmente me resulta poco probable que esta ultima afirmación sea totalmente cierta y si bien en algunos la motivación pudo ser en principio esa, estudiar algo que les parecía relativamente fácil, resulta que solo sobreviven los que realmente tienen vocación, ya que es una tarea difícil y muy exigente, mal pagada, con muchas insatisfacciones. La responsabilidad del docente en la formación de los educandos esta vinculada con el desarrollo del país, pareciera que quedaron solos con esa responsabilidad, las naciones no han hecho cambios importantes para cumplir con su parte del compromiso de la formación de los nuevos ciudadanos, por otra parte muchos padres, dejan a sus hijos en depósitos humanos llamados escuelas, donde asumen que es la obligación del docente, formarlos, cuidarlos y velar por su seguridad, si cometen un leve error, aparecen los padres para reclamar ”DERECHOS”, no viendo que niños solos quedan a merced de una institución que va a formarlos y el docente es el siempre criticado, los hijos son perfectos, los docentes son imperfectos, es lo que entre líneas piensan los padres. Hago esta primera reflexión motivado a que esta es la base del primer paradigma de los educandos, yo no soy mal estudiante es que los profesores que me tocan son malos y piratas, el niño en la primaria percibe esto, en la secundaria lo afianza y en la universidad muchos demuestran que tenían razón, los docentes son tan malos que no se puede estudiar o aluden otra serie de razones para desertar de sus estudios y no se ve que en primer lugar la formación en la familia no dio las bases necesarias para motivar al niño que después se vuelve adolescente pensando que alguien tiene que motivarlo para hacer las cosas y muchos en ese camino llegan a adultos buscando quien los motive, porque esto forma parte del otro paradigma y se desempeñan en empleos que los mantienen insatisfechos porque el sueldo no los motiva, el jefe no los motiva, la pareja no los motiva siempre es responsabilidad de otros el fracaso. Con todo esto definitivamente para ser docente se tiene que tener mucha vocación y a la vez que es un compromiso enorme en el que la capacitación que deben tener es cada día mayor, son los formadores del semillero en la primaria y secundaria, en la universidad son los que cultivan esa planta de las que solo sobreviven los mejores, generalmente los que están auto motivados, los que tienen objetivos de vida claros, los que alguna vez tuvieron quien les guiara o estimulara a tener un plan de vida, quienes por modelaje de sus padres se vieron en el compromiso de emular a sus padres. Es por esto que enfatizo en las edades tempranas, por que lo que sigue pudo tener su origen ahí.
La docencia como construcción del conocimiento
La docencia se inscribe dentro del campo educativo como actividad que promueve conocimientos, que sitúa al docente como factor especial, tanto con referencia a los conocimientos mismos, como con respecto a las condiciones específicas en que éstos son producidos.
Se subraya con frecuencia que la relación pedagógica se establece alrededor de y con referencia a los saberes; saberes a adquirir tal como se presentan, como parte de un currículum y no como saberes a confrontar, a descifrar, en tanto el conocimiento aparece siempre en su carácter de relativo e inacabado, como algo siempre susceptible de ser comprendido, mejorado y completado.
La docencia es, pues, parte importante de ese proceso de construcción y acumulación de saberes, proceso siempre inconcluso, durante el cual los actores no son siempre totalmente conscientes de por qué y de cómo lo hacen, del proceso mismo por el que conocen e intentan descifrar la realidad.
En este sentido se puede afirmar que la transmisión convencional de conocimientos, basada en una lógica formal explicativa, impide que en la enseñanza se postule y desarrolle una epistemología que permita la aprehensión de la realidad, la cual implica, en su caso, una reestructuración-construcción del objeto de conocimiento a través de una lógica de descubrimiento, que articule campos disciplinarios y analice los fenómenos que se expresan en diferentes niveles y dimensiones de dicha realidad.
De ahí la importancia de establecer un puente intercomunicante entre teoría del conocimiento y enseñanza. La teoría del conocimiento tiene una función muy importante en la enseñanza, en la medida en que ponga sobre la mesa de discusión los problemas inherentes a la construcción del conocimiento que se transmite.
Es necesario establecer una diferencia entre lo que es un producto y lo que es un producente. Esta distinción es clave para el accionar docente. Un conocimiento no es sólo algo dado, no es sólo un producto; es también una manera de pensar ese producto y, por tanto, de recrearse como producto o crear a partir de él otro producto.4
Y no podemos continuar enfrentando al alumno con un producto acabado; por el contrario, hay que promover el desarrollo con habilidades críticas y creativas como estrategia para transformar los productos en algo abierto a nuevos conocimientos; es decir, recrear la teoría y no sólo repetir mecánicamente lo que dice un profesor, un libro o cualquier otro recurso tecnológico complejo, como los que hoy abundan, pero que en su mayoría sólo ayudan a repetir mejor lo repetido.
Más aún, hay que enfrentar al alumno con situaciones y experiencias que le enseñen a construir su pensamiento, con lecturas y vivencias que desarrollen y develen lógicas a través del contacto vivo y directo con ellas, que posibiliten los descubrimientos; antes que consumir diversas antologías, con un exceso de información que, en el mejor de los casos, le provoca una indigestión teórica, en lugar de estimular su inteligencia.
Estos planteamientos nos confirman la importancia que tiene la vinculación entre la docencia y la investigación en el campo de la educación y, de manera especial, en las estrategias didácticas. Incluso puede afirmarse que el futuro investigador, profesor o profesional en general, se está desarrollando en embrión en la misma práctica docente que ha vivido como estudiante. De ahí que si esa enseñanza es pasiva o libresca, o bien si es erudita o poco crítica, y en consecuencia poco creativa, escasamente incitará a aprender o indagar con libros o a derivar hipótesis propias, es decir, sin pensar, investigar y transformar la realidad.
De ese modo, el maestro que transmite un saber está enfrentado al interrogante de cómo se produce el conocimiento, cuáles son sus condiciones específicas de producción y contra qué se erigen las nuevas verdades del mundo; cuál es la realidad en la que el hombre está inmerso.
Las verdades son relativas y el hombre como sujeto se enfrenta a la realidad con escasos rudimentos teóricos-metodológicos y experienciales, desde lo acumulado, pero también desde lo acumulable en su devenir, que lo enfrenta siempre a nuevos retos y problemas.
La teoría del conocimiento pretende iluminar el camino, no simplificando sino reconstruyendo un saber, las condiciones históricas que lo posibilitaron y, sobre todo, los momentos de ruptura, donde las verdades se agotan frente a lo naciente; para dar paso a recrear y problematizar sobre el objeto de estudio en cuestión.
La epistemología, en este sentido, abre interrogantes tales como: ¿por qué y de qué manera la reflexión epistemológica influye sobre las concepciones educativas; los proyectos académicos y, lo que es más importante, la formación de los sujetos sociales? ¿Cómo recobrar el carácter político del conocimiento, el de pensar la realidad no como adición, sino como espacio de reflexión para superar contradicciones y, con imaginación, abandonar certezas para que en el firmamento de los objetos de estudio aparezcan constelaciones nuevas?
En este contexto, es pertinente señalar que toda actividad docente requiere tanto de un dominio de la disciplina como de una actitud frente al mundo y de un uso pertinente y crítico del saber.
Por eso en la docencia de hoy, transmitir conocimientos, recrearlos o enriquecerlos ante el devenir histórico, se convierte en un reto y en un compromiso de todo profesor. Para que esta labor sea provechosa y trascendente el maestro mantiene en el aire preguntas como las siguientes: ¿quién es el sujeto al que va a formar; cómo y para qué se va a comunicar con él; en qué medida compartirán y lograrán emprender el camino del aprendizaje juntos; cuáles serán las tareas y los compromisos que ambos asumirán en el quehacer cotidiano del aula, el laboratorio y la práctica de campo?
Porque transmitir de la mejor manera un conocimiento en la perspectiva de quien sabe a quien no sabe puede ser una labor sencilla, consabida y hasta cómoda. No así la de involucrarse teórica y metodológicamente en un proceso de enseñanza-aprendizaje, donde se conciba el vínculo profesor-alumno como un fenómeno complejo y que en consecuencia exige mínimamente un conocimiento psicológico, pedagógico y sociológico que permite ubicar al educando como sujeto de aprendizaje y no únicamente como objeto de enseñanza.
A los educadores las crisis quizá nos llegan tarde, a veces nos sorprenden sumergidos en nuestras rutinas, observando, en el mejor de los casos, el avance de otros campos disciplinarios, donde parecía que la cientificidad estaba asegurada por el empleo del infalible método experimental. La pregunta urgente, y el debate hoy en día, no se centra en transmitir un conocimiento de la mejor manera posible, didácticamente hablando, sino en cuestionar cómo es que los educadores llevan a cabo esa mediación, no para reiterar, repetir y comprobar, sino para inducir, descifrar, contrastar, innovar... y, con ello, recobrar el asombro y pensar para construir, y no sólo para consumir pasivamente el conocimiento.
Estas reflexiones y preocupaciones surgen en el contexto de la profesionalización de la docencia, en tanto que categoría sustantiva de la práctica educativa, y la vinculación docencia-investigación como una de las alternativas pedagógicas idóneas para conseguirlo. Desde la década de los setenta, por lo menos, ambas estrategias han estado sometidas a múltiples debates, más en el plano de lo formal que en el de lo real, aunque en el discurso académico oficial aparezcan como reivindicadoras de la calidad de la educación.
Ahora bien, si asumimos la certeza de los señalamientos anteriores con respecto a la docencia, ¿cómo es posible que hoy, en el umbral del tercer milenio, en nuestras universidades, sea más importante enseñar a repetir cosas sabidas y no a descubrir nuevos saberes? ¿Cómo puede ser más importante enseñar a ser consumidor pasivo de información que sujeto activo y responsable de su propio aprendizaje? ¿Cómo puede ser más importante para una institución de educación superior engrosar las filas de egresados, que formar profesionales capaces, polivalentes, con actitudes de compromiso para enfrentar y transformar la realidad?
Este tipo de cuestionamientos, surgidos de la participación en proyectos, programas y experiencias en el ámbito de la formación de profesores e investigadores dentro y fuera de la UNAM, así como en el desarrollo de investigaciones en torno al tema de la vinculación entre la docencia y la investigación, específicamente en el renglón de las estrategias pedagógicas, nos llevan a la convicción de que es imprescindible innovar las concepciones y las prácticas educativas en los distintos espacios académicos. Concretamente, pensamos que una opción de cambio estaría en el planteamiento que el maestro José Mata Gavidia llama: docencia en forma de investigación.
Cabe mencionar que para desarrollar esta propuesta recupero de Mata Gavidia el argumento y la lógica que propone en un documento que escribió en los años sesenta, inspirado en el fuerte impacto que le causó un admirado profesor suyo en la Universidad de San Carlos, de Guatemala. Por lo demás, la orientación y el contenido sustantivo de dicha perspectiva, es producto, tanto de proyectos de investigación anteriores como del que desarrollo actualmente sobre el vínculo docencia-investigación, de donde derivo precisamente la perspectiva de docencia en forma de investigación, que a continuación expongo. Al hacerlo no busco convencer, sino compartir inquietudes y experiencias en torno al problema de la relación de la docencia y la investigación en la vida académica de la universidad.

la aventura de la docencia


La docencia desde una mirada particular

Poder establecer una mirada objetiva y realista de la situación que vive el docente, eludiendo una postura idealista, sino teniendo en cuenta la función del docente apremiado por un entorno conflictivo y complejo, por la cual debe responder a una institución educativa, organizada para un fin determinado y con una normativa establecida, implicando variables que intervienen en la función, de las diferentes personas que la integran y la requieren, en una REALIDAD determinada.

Cada maestro dispone de capacidades y competencias para encarar su intervención, de acuerdo a las posibilidades y limitaciones, pero lo importante es reconocer que no existe una acción perfecta, pero si que la imperfección intente cambios que modifiquen constantemente la realidad aunque sea en forma mínima pero continua. Estas modificaciones deberían instar a la capacitación, la revisión de la función profesional y social, mejorar las condiciones de trabajo, determinar el grado de dominio y autonomía en el desempeño de los roles, y la conformación de un equipo pedagógico inter e intrainstitucional.
El docente esta influenciado por una Historia, que pone de manifiesto lo que existe y fue forjado en el transcurso del tiempo, desde la función administrativa, la función pedagógica, y la función social, pero es imprescindible manifestar una actitud positiva de la situación que se nos presenta en el día a día, buscando fortalecer la organización, promoviendo la integración, impulsando una comunicación e interpretación del accionar, a pesar de las desavenencias y dificultades a los cuales nos enfrentamos constantemente.
El rol docente, esta obligado a tomar decisiones y resolver problemas frente a grupos de alumnos con características particulares en la búsqueda de la concreción de educación, para reconocer los logros, promover la motivación, la interacción, el trabajo en equipo, desarrollar un control de los resultados, a través de la observación, medicación y negociación.
La clave de poder concretar la educación, partirá desde establecer que a los alumnos a quienes nos enfrentamos, deben recibir una formación integral, respondiendo a sus posibilidades y limitaciones, desde aprendizajes significativos que tendrán en cuenta sus experiencias y estímulos, y no como meros receptores cognitivos.
El docente para desarrollar su tarea es importante que ejerza varias acciones como:
 una apertura al cambio
 responder a las características evolutivas del grupo.
 Considerar la teoría en la que se va apoyar su trabajo
 fomentar las posibilidades educativas que brinda el trabajo en grupo.
 realizar un diagnóstico claro, preciso, de las motivaciones, necesidades e intereses del grupo de alumnos, así como de los saberes previos que los alumnos poseen.
 Elaborar con el grupo las normas de convivencia a las que deberán ajustarse las conductas de todos.
 Producir formas e instrumentos de evaluación.
 Actitud de respeto hacia el tiempo de los alumnos.
 Disposición para dirigir sin presionar, a conducir e informar cuando es oportuno, a animar, a dialogar, a estimular, a reflexionar, a aprender con sus alumnos.
 Apertura para producir un clima de consenso y disenso, permitiendo que los alumnos ensayen, fracasen, critiquen, descubran, pregunten, elijan y fundamentalmente, sientan que tienen un lugar donde son escuchados, atendidos, queridos.
 Equilibrio para estimular la participación, la cooperación y el trabajo en grupo, sin caer en el "laissez faire".
 Adhesión a los principios de la disciplina autónoma.
 Posibilitar, en los alumnos, la realización de aprendizajes significativos.
 selección de recursos y materiales.
LA DOCENCIA UNA EXPERIENCIA COMPARTIDA